En el 40 aniversario de la Constitución reconquistemos solidaridad.

Por Clotilde Cuéllar, concejala de Ahora Arganda.

Hoy comienza en Polonia la Cumbre del Clima. Un clima, cuyo estado crítico sigue sin ser tomado en serio por gobiernos, partidos y poblaciones, porque ésta es la Cumbre número 24 y el grado de cumplimiento de los compromisos de París del 2015 deja mucho que desear.

Se nos olvida que los seres humanos somos ecodependientes e interdependientes, tenemos los mismos derechos y obligaciones y, como dice Herrero, estamos encarnados en cuerpos vulnerables.

 

Tampoco desde el 2015 se ha prestado suficiente atención al auge del fascismo en España, aunque en espacios de cercanía – por ejemplo, la comarca Este de Madrid- sí hemos presenciado con inquietud su entrada en algunos Ayuntamientos. Pues bien, ayer la extrema derecha ha llegado a un Parlamento español: el de Andalucía.

 

 

Estamos en vísperas del 40 Aniversario de la Carta Magna, momento excepcional para observar si el constitucionalismo que dicen defender PP y Cs se queda en la mera foto de lectura de artículos durante actos conmemorativos, o si la coherencia les llevará a no pactar con quienes, por ejemplo, consideran que las mujeres no merecen protección especial, dejándolas expuestas a nuevos asesinatos y a otras violencias machistas.

Que la ecología y el feminismo sigan siendo antídotos frente a los neofascismos, para alcanzar una Europa más democrática y unida, depende de todas y todos. Y esa unidad tenemos que empezar a demostrarla en lo local. Hay partidos que nos siguen diciendo que no nos preocupemos, que la soluciones vendrán solas. El municipalismo sabe muy bien que eso no es cierto. La cohesión social, la igualdad real y la transición ecológica de nuestras ciudades conforme a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, exigen que afrontemos los próximos procesos electorales con altura de miras, medidas alcanzables y decisión política.

Y hablo de medidas, porque el término “programas electorales” se ha ganado a pulso su decadencia.

Refugiarse en la pelea interna es lo fácil. Provoca que la política se olvide de lo esencial y no se diferencia mucho de esos movimientos que hoy criticamos, porque al fin y al cabo son otra forma de contraponer el “yo” a los “tú” que por diferentes despreciamos.

Olvidarse de lo esencial divide, y esa división siempre perjudica a la mayoría de la gente, no así a las élites extractivistas y patriarcales.

Lo de ayer que ni asuste, ni inmovilice. Es tiempo de reconquistar solidaridad. Busquemos en otras partes de Europa modelos que nos ayuden a fortalecer nuestra democracia y empecemos por aplicarlos en lo local.

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *